
OPINIÓN*
No es la primera vez, no sorprende, pero vale la pena recordar que los candidatos aparecen cuando es momento de elección. Pueden que nunca hayan salido de su casa durante su gestión, en este caso diputados y senadores, pero llega el momento de la elección y “vale todo” para querer demostrar que están con el pueblo y que les interesa lo que los vecinos les cuentan.
Dicen que la gente no come vidrio, pero hay que recordarles que vienen a prometerles cosas y a jugar con las ilusiones de la gente, para seguir viviendo del estado, asegurándose un lindo sueldo, total algunos se quedan en Buenos Aires y representan a tú provincia, otros deciden faltar a las sesiones, pero la cara les da para pedir el apoyo para seguir ascendiendo en la escala política.
Igualmente hay mucha gente que les cree, pero allí está el trabajo fino de los punteros o militantes que se ponen la camiseta, muchos tienen autos con vidrio polarizado y al llegar a los barrios se sorprenden de cómo viven las familias, pero por ejemplo se olvidan que por ejemplo la Renovación gobierna hace 17 años la provincia, siempre con mayoría en la Cámara de Diputados, señores por cierto que no se los conoce durante los 4 años.
Hay de todo en este camino y van a recorrer obras vacías, inauguradas por el candidato cuando estaba en el ejecutivo, inauguran “obras” que hace un año se ocupa, esas incongruencias de la Renovación.
Después están los menos, pero que aparecen y muestran su imagen joven, pero con experiencia en la charla, también acompañados por fieles de la primera formación, lo importante del candidato, siempre sonriendo, se sientan en el piso alisado, todo vale para tratar de lograr que la gente le apoye con el voto.
Luego vienen los que no tienen muchas propuestas, pero siempre, siempre el discurso viene con la critica a los que están, no está mal, porque hay que mostrar lo que no se hizo durante tantos años, pero el discurso alguna vez debería cambiar porque la gente no vota a los que mejores critican, sino que votan propuestas o en muchos casos a las personas.
La campaña se traslada a todos los ámbitos, desde el público hasta el privado, en los pasillos de las municipalidades o los concejos deliberantes las paredes escuchan y hablan, cuentan, buchonean, a pesar que muchos murmullan lo que no les gusta, pero todo vale.
En este tiempo los vamos a escuchar, te van a querer apretar la mano en el saludo o hasta incluso abrazarte, palmearte la espalda y algunos hasta te den un beso en la mejilla, pero acordate que después de que asuman como diputado o senador, no van a aparecer durante un tiempo o mejor dicho, hasta la próxima elección, con las mismas características.
*LUCIANO FERREYRA












