Techo: Historia de mujeres referentes en los asentamientos
La historia de 2 mujeres que a pesar de vivir la situación de desigualdad social en la que atraviesa el género y la emergencia habitacional, también trabajan junto a las comunidades para que más personas puedan acceder a una calidad de vida mejor: acceso de servicios básicos y el mejoramiento de infraestructura barrial, como pavimentación de calles, entre otros.Fernanda Moyano (33) lleva adelante, junto a voluntarios/as de TECHO y vecinos/a, la mesa de trabajo del Barrio Haras Trujui, en Moreno, Bs. As. y allí también un comedor.
A Fer la desigualdad la cambió y la llevó a la acción. Define este amor por lo social como algo mucho más fuerte que ella, algo imparable.
Cuando Fer empezó a ver a los/as chicos/as de TECHO dijo: “guau, me siento como en casa, y siento que no soy la única que va a contramano ayudando a la gente que de verdad lo necesita”.
Le motiva seguir en la mesa de trabajo con TECHO porque: “va con la lucha de la igualdad, con la dignidad, con darle la mano al que más lo necesita”.
Fernanda contó su experiencia en el Congreso para que se apruebe la Ley 27.453 de Regularización e Integración de Barrios Populares. Ella siente que fue la voz de quienes no podían ir al Congreso, de quienes no tienen acceso a la luz, al gas, a las veredas, al bondi que no entra en el barrio para poder llevar a los/as hijos/as al hospital.
Por último, le preguntamos a Fer ¿qué significa para vos como mujer tener voz?: “Lo más importante es que me dejen visibilizar las diferentes problemáticas (…) creo que como mamá darles el espacio a mis hijas, que si tienen una real situación de lucha que la lleven a cabo, que no paren, que nada ni nadie nos puede callar.”
Araceli Ledesma (40) lleva adelante junto a voluntarios/as, vecinos/a la mesa de trabajo del Barrio Lagomarsino, Pilar, en Bs. As.
Un día mientras Araceli trabajaba en una casa de familia estaba escuchando la radio, en donde se enteró que voluntarios/as de TECHO iban a su barrio y se sumó a la construcción de un salón comunitario.
A partir de ese momento ella no se apartó nunca más de la mesa de trabajo y nos acompaña desde hace 7 años.
¿Cuándo empezaste a mirar la desigualdad de otra forma?, le preguntamos. “Fue cuando empecé a conocer TECHO, antes no lo veía del mismo modo. Me senté a mirar más mi barrio, mi cuadra, mi vereda, es como que me abrió un panorama del que yo estaba acostumbrada”.
Cuando se impulsó la Ley de Barrios Populares ella también participó del debate en el Congreso Nacional. ¿Qué significó para vos ser parte de esta ley?: “Creo que se vio en mí una mujer luchadora por la justicia social (…) significó un orgullo enorme para mi, significó un cambio y una esperanza, aunque creo que la ley tiene mucho que trabajar todavía.”
Uno de los proyectos que más la desafió fue la posibilidad de que un colectivo entrara al barrio. Había una mamá que tenía que llegar al hospital porque su hijo tenía una discapacidad y no podía pagar un remis. «¿Por qué tienen que pasar estas cosas?» se pregunta. Ese testimonio hizo que trabajara junto a la mesa de trabajo para impulsar el proyecto en el municipio. El transporte tardó 4 años en llegar pero finalmente lo lograron.
Araceli no baja los brazos, sigue avanzando. Para ella ser referente significa no solo figurar en palabras sino en hechos: “Si queremos ver un cambio, con la fuerza y la lucha lo vamos a lograr, es transformador”.












